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martes, 29 de enero de 2013

TARDE DE COMPRAS

Foto-¡Qué típico! sábado por la tarde y se van los tres al fútbol -se queja Anna. Anna, Violeta y yo, nos encontramos en mi casa escuchando música, después de haber disfrutado de una excesiva barbacoa con nuestros respectivos.

-¿Y por qué no hacemos nosotras algo también típico? -propongo.

-¿Cómo qué? -pregunta Violeta.

-Nos vamos de compras -anuncio.

-Ah no, de eso nada, conmigo no contéis -se queja Anna.

-Me encanta la idea, las tres de compras -se ilusiona Violeta.

-Dos, yo no voy -asevera Anna.

-Hace mucho que no lo hacemos, vamos chicas -las animo.

-Alguna me está escuchando, porque yo... -empieza a rezongar Anna.

-Un momento que apago todo y cojo las llaves -sentenció.

Violeta coge de la mano a Anna y esta opta por dejar de protestar, para el caso que le estamos haciendo.

-Que sepáis que no me pienso probar nada -afirma.

-Algún día analizaremos tu aversión al probador -le indico mientras salimos.

-¿Dónde tienes el coche? -me pregunta Violeta.

-Ummhhhh, esto...

-Bela de verdad que lo tuyo con el coche no tiene nombre -me riñe Anna.

-¿Qué quieres que te diga? cuando repartieron el sentido de la orientación, yo, estaba ocupada -les digo muy digna mirando a un lado y a otro, con la esperanza de que se me encienda la luz que me indique dónde coño aparqué anoche el coche.

-Llama a Ace y pregúntale -me pide Anna.

-Sí hombre, para que se ría de mi.

-No se reirá, está acostumbrado -por la cara de Violeta imagino que ni ella se lo cree, y la risa de Anna me lo confirma. Intento hacer memoria apretando mucho los labios y entrecerrando los ojos y por fin...

-Cariño ¿dónde dejé anoche el coche?

-¡GOL! ¡GOL! ¡GOL! -suena al otro lado del teléfono. Lo retiro un poco de la oreja para evitar quedarme sorda del todo.

-Ace... Ace...

-Cariño, eres un talismán, hemos marcado gol -me dice muy contento.

-Genial, esta temporada creo que te dan el Pichichi, has marcado un montón eh?

-Muy graciosa, el coche está en la esquina de la tienda de verduras de los indios.

-¿De cual de las tres? ¿Y cómo sabías que quería eso?

-De la que está enfrente de los contenedores de reciclaje. Porque te conozco. ¿Dónde vais?

-De compras.

-¡Au!

-¿Falta? -le pregunto.

-No. Compras.

-Ja -cuelgo.

-¿Ya sabes dónde está?

-Pues claro y que sepáis que no se ha reído.

-No entiendo por qué nunca te acuerdas de dónde... -comienza a quejarse Anna.

-Hablábamos de tu aversión a los probadores -la interrumpo.

-Acaso el motivo no es evidente -me responde subiendo al coche.

-Una saludable talla 42 no es ninguna pega -pondero.

-Dicho por una enfermiza talla 34 -repone ella.

-Oye estas cosas son accidentes genéticos que no tienen nada que ver con la forma en que te sienta la ropa -dice Violeta.

-Ni tú te lo crees -se ríe Anna.

-Oye que mi 34 tiene curvas ¿eh? -me quejo.

-Si tú tienes curvas, yo tengo rotondas guapa.

-No soy ningún palo -protesto enérgicamente, vamos que le grito al retrovisor.

-¿Y por qué la ofendida eres tú si la de la talla 42 soy yo?

-Porque las curvas son sexys. Voy a comerme dos donuts para que se me pase el disgusto -informo metiendo la mano en la guantera y sacando una caja a medio comer de Donnetes - ¿Queréis?

-Hija de... -le meto un pastelillo en la boca para que no termine de decir la frase.

-¿Por qué ninguna estamos contentas con lo que tenemos? -pregunta Violeta desde la parte de atrás del coche.

Anna y yo nos miramos asombradas.

-¿Y de qué te quejas tú con tu perfecta 38? -le pregunto.

-Depende del día.

-Será que aspiras a la perfección -se ríe Anna.

-Ace diría que es un gen que sirve única y exclusivamente para volver locos a los hombres -les digo.

-Estoy de acuerdo -ratifica una.

-Si -afirma la otra.

-Odio esto -nos informa Anna.

-Lo sabemos, nos lo has dicho unas trescientas veinticinco veces, desde que salimos de casa. ¿Intentamos aparcar? -pregunta Violeta.

-¡Ja! Tu flipas. Odio esto -repite Anna.

-Yo la mato -sentencia Violeta intentado agarrar a Anna.

-Pues al parking -informo.

-Mira, ya han terminado este -dice Violeta.

-Sí, como hace seis años. ¿Dónde has vivido todo este tiempo?

-Bela, hace un mes estaba en obras.

-Estarían arreglando algo, como siempre...

-Que no, que esta vez tiene razón Violeta -se posiciona Anna.

-Estáis fatal las dos ¿Eh? ¡Uy! ¿dónde han ido a para los caballos de La Plaza de los Luceros? -pregunto.

-No estamos en Luceros, estamos en La Estación -observa Anna.

-¡Ah! ¿Y desde cuándo hay aquí un parking? -pregunto.

-Eso decía yo -responde Anna.

-Si no fueras conduciendo te daba en la cabeza -me amenaza Violeta.

-Rezumas agresividad Violet, te lo vas a tener que mirar -le digo.

-Estoy de acuerdo -asegura Anna.

-A la mierda las dos -Anna y yo nos miramos afirmando silenciosamente.

-¡Anda! ¡Cuanta luz! Es muy... muy... -comienzo yo.

-Rosa -termina Anna.

-Si, rosa fucsia -observa Violeta -¡Dios mío! -continúa.

-¿Qué? -preguntamos Anna y yo a la vez.

-No tiene columnas.

-¡Gracias, señor concejal de urbanismo! -grito yo.

-Es concejala -me rectifica Anna.

-Ahora lo entiendo todo. Este parking va a ser, uno de mis sitios favoritos de Alicante -les digo muy convencida, mientras hago la L.

-¡YA! -me gritan a la vez que oigo ¡clock!

-No me miréis así, ¿a quién se le ocurre quitar las columnas, ahora no tengo punto de referencia.

-¡Oh! sí lo tienes, se llama clock.

-Mi coche es muy cariñoso, le gusta besar a las paredes.

-O tú eres muy torpe -me corrige Anna.

-Mi punto de vista es más poético.

-Y más caro -apunta Violeta.

-Sí, eso también. Si le arreglara los golpes claro.

Una vez en la calle nos dirigimos hacia HYM.

-Empieza mi suplicio -se queja Anna.

Foto

-Mira, para ti ¡a probarse! -le ordena Violeta poniéndole una camiseta en las manos.

-No.

-Es muy chulo -insiste.

-Es la cuarenta -se queja Anna.

-Pero son tallas grandes.

-No lo suficiente.

-Ten, este sí y es sueltecito -vuelve Violeta a la carga.

-Este.

-No.

-Esta.

-Ya me busco yo lo mío.

-Mentirosa -le digo yo.

-Que bien me conoces -se ríe.

-Eh, que boinas más chulas. Una para cada una y nos hacemos una foto -nos dice Violeta. Anna mira el objeto con cara de fastidio.

-Dale el capricho o no te dejará en paz -le recomiendo yo. Anna se encasqueta la boina y nos hacemos la foto.

-Espera que se la envío a Jonhy.

<Adivina dónde estamos> pone en el mensaje junto con la foto.

<En París> contesta el otro <Golllllllllll>

-Nada, no hay quien hable con ellos hasta que termine -se queja Violeta. -A Berska -nos ordena.

-Vale, a ver si encuentro la gorra de hombre que voy buscando -les digo -porque ahí hay ropa de hombre ¿no?

-Seee y hombres también, mira ese que mono -dice Violeta fijándose en un chico guapísimo que le envía una de esas sonrisas blancas y llenas de dientes de las pelis.

-Hombres no veo, yo veo un niño -nos dice Anna -pervertidas.

-No jodas que está como un queso la criatura.

-Un queso tierno, vamos casi sin cuajar -nos ignora ella.

-Damas -se dirige a nosotras el man en cuestión -puedo serviros de algo.

-Si tú supieras -digo yo por lo bajini, Anna pone los ojos en blanco y se aleja, mientras Violeta le devuelve la sonrisa.

-Mi amiga busca un gorro de hombre -le dice.

-Al fondo a la derecha, y si necesitáis cualquier otra cosa...

-Ya le decía yo lo que me hace falta -me susurra Violeta mientras vamos donde nos ha indicado.

-Infanticidas -nos dice Anna.

-Desagradable -le contesto.

-Oye unos gorros que me ha dicho tu compañero... -le digo a una dependienta.

-Boinas -me corrige ella.

-No, gorros -insisto.

-Es que escucharte a ti, a la vez que al pinganillo y la música, no se puede -me suelta, me ha dejado muda. Casi que busco yo los gorros.

-A mi me ha dado miedo -me dice Violeta.

-Si, mejor le preguntamos al chiquillo. Hombre, bonico es...

-¿Ves? ya empiezas a caer.

El chiquillo me ha encontrado el gorro, el partido ha terminado en empate y mi marido me ha hecho un mapa en una pizarra de corcho para que ponga una chincheta en el lugar en donde aparco, lástima que se me olvide pincharla siempre.

Foto


Evidentemente mi amiga Anna, se niega a salir en las fotos.



jueves, 27 de septiembre de 2012

Rita, Romeo y los orgasmos mamarios.





-Jajajajajajaja -no puedo parar de reír -no me puedo creer que le dijeras eso.
-Tía me salió del alma.
-Pero tú te imaginas el corte de rollo que le entraría.
-No sé, de todas formas ya te digo yo que a los veinti tantos se recuperan rápido.
-Asalta cunas -la acuso.
-Eh, que fue él que vino detrás de mi.
-Ya claro, si juntas a una asalta cunas con un obseso de las maduritas -comento dando un sorbo a mi capuccino.
-Tienes bigote.
-Y una mierda, que fui ayer a la esteticién.
-Del capuccino, y ya no se dice esteticién, antigua.
-Bueno la que me quita los pelos.
-Estilista.
-¿Pero eso no era la peluquera? -pregunto yo, es que de verdad me hago un lío, ¿por qué tienen que cambiarle el nombre a las cosas?
-Ambas son estilístas.
-Bueno a lo que íbamos.
-Le tuve que explicar por qué había dicho eso.
-Normal.
-¿Por qué habías dicho qué? -pregunta Romeo. Romeo es nuestro amigo gay, hace poco que ha salido del armario y todavía le estamos instruyendo en el arte de conquistar a los hombres. Como si nosotras supiéramos. Ja.
-Vale, empiezo otra vez...
-Ponme un pacharán -pide al camarero.
-Oye las chicas no pedimos esas cosas -le riño yo.
-Por si no te has dado cuenta, yo no soy una chica cariño.
-Ya, pero ahora estás en nuestro bando, si sigues comportándote como un tipo duro, ¿cómo van a saber los demás que estás en "ese" mercado? le digo remarcando las comillas con los dedos.
-Odio que hagas eso de las comillas. Y según tú qué debería pedir -pregunta.
-Un té de especias... -contesto.
-O un café Gold con canela... -apunta Rita.
-Y vainilla, sí que lleve vainilla es importante -afirmo.
-Pues ponme un café de esos con eso y un pacharán -pide Romeo.
-Nunca vamos a conseguir que seas un guy como es debido -se queja Rita.
-Me parece que tenéis una idea un poco a lo Sexo en Nueva York, de lo que es un guy.
-¡Oye! ya te vale ¿cómo puedes decir eso? -me quejo.
-Nosotras no somos superficiales, pero es que molaría que nos acompañases de compras y poder mirar el culo de los tíos y comentarlo contigo... -dice Rita.
-En lo segundo estoy de acuerdo, lo primero lo odio.
-Como mi marido -aseguro yo.
-¿Tu marido le mira el culo a los tíos? -pregunta Romeo sorprendido.
-No, lo de las compras -le corrijo.
-Lo único que nos diferencia a Ace y a mi, es que a él le gustas tú y a mi me gusta él.
-¿Te gusta mi marido? -casi grito sorprendida.
-Es un decir. Si tuviera que escoger entre ponerte encima de la mesa y follarte como un loco o hacérselo a tu marido, lo escogería a él y él te escogería a ti -me suelta tan tranquilo.
-Puaj! que asco -. grito ahora sí, alarmada.
-¿Te da asco follar con tu marido? -me pregunta alarmado.
-¡Noooo! me da asco imaginarte a ti... en la mesa... con él... puaj, como me venga esa imagen a la cabeza esta noche cuando esté... ya sabes, voy a tu casa y te la corto.
-Mujer que susceptible, ¿no querías hablar de hombres conmigo?
-Pero no del mío capullo.
-Nadie pertenece a nadie, somos seres libres -en ese momento el camarero deja el café y pacharán en la mesa. Yo cojo la copa y me la echo al gaznate de un trago.
-Eso no ha sido muy femenino -comenta Romeo.
-Nop -confirma Rita.
-Que os den arggg.
-A lo que iba -continúa Rita -resulta que me he liado con un tío...
-Un chaval -interrumpo yo.
-Tiene pito y es mayor de edad ¿no? -se queja ella.
-Jajaja uy pito dice, polla nena, lo que tiene es polla -la corrige Romeo.
-Lo que sea. El caso es que el ti... chaval... está muy bien dotado.
-¿Sí? cuenta cuenta -la anima Romeo.
-Pues estábamos haciéndolo...
-No, que me cuentes la dotación -insiste.
-Al rededor de veinti algunos.
-Mira tiene los mismos centímetros que años -ironizo yo.
-En eso te equivocas, probablemente sean más centímetros.
-¿Síiii? -nos sorprendemos al unísono  Romeo y yo.
-¿Me vais a dejar acabar? -hacemos el gesto de cremallera en boca para que continúe.
-Yo os he contado alguna vez, que mi abuela salía con un chico de Jordania. En aquel momento ella tenía unos cincuenta y muchos y él, unos veintipocos...
-¿De polla o de edad? -pregunta Romeo con una risita. Yo me río también mientras le doy una patada por bajo de la mesa.
-Vale, vale, ya me callo.
-Pues una vez me llevó de crucero y los pillé en acción, él estaba ahí dándole que te pego al pecho de mi abuela, y ella tenía una cara que en aquel momento me pareció de dolor y que ahora entiendo que no, pero vamos yo en ese instante me fui para el chico y di una patada y me lié a puñetazos con él... -nosotros no podemos contenernos más, las lágrimas nos caen de la risa y la gente sentada alrededor nos mira con cara de intriga, o enfado según el caso.
-Bueno pues el otro día tuve un orgasmo mamario con mi jovenzuelo...
-¿Pero eso es verdad? ¿Las mujeres podéis tener esas cosas? -se sorprende Romeo.
-Tú nunca lo has hecho porque no le ponías empeño hombre, cuando una cosa no te gusta, no te sale igual...
-Pues yo estaba convencido de que era un bulo.
-A mi es la primera vez que me pasa, y claro, me acordé de mi abuela.
-¿En ese momento? ¿te acordaste de tu abuela? -se sorprendió Romeo.
-Pues claro, los dos son jordanos, los dos jovenzuelos, y los dos saben hacer eso.
-Claro, claro -convinimos ambos.
-Pues el caso es que me salió del alma. Después del último suspiro, dije "Ahora entiendo a mi abuela".
-Después de diez minutos de risas incontinentes, por fin le pregunto.
-¿Y qué hizo él cuando dijiste eso?
-Salto de la cama y me miró con muy mala cara. Me dijo algo así, como que si tenía algún tipo de extraña perversión me fuera olvidando.



jueves, 9 de agosto de 2012

El veneno del pez araña o lo que sea que haya sido.


Cuando llego a casa, noto un exquisito olor que viene de la cocina.
-Ummhhh ¿qué estás cocinando? -pregunto a mi marido.
-Plumas revueltas con ahumados.
Me asomo a la cazuela y aspiro a fondo.
-Esto son macarrones con salchichas y bacon.
-En el paquete pone plumas, no macarrones -me dice enseñándome el envoltorio de los macarrones que aún está en el banco.
-Ya.
-Y para que lo sepas tanto las salchichas como el bacon están ahumados.
-Ummhhh -contesto al llevarme un macarrón, perdón pluma, a la boca.

Mientras disfrutamos de la comida suena el teléfono. Es mi hermana invitándonos a ir a la playa al día siguiente, en plan familia; sillas, mesas, neveras, sombrillas, vamos como si de turistas se tratara. Desde el mismo momento en que la palabra playa sale de mi boca, mi marido aprieta la suya y su cabeza empieza a negar, mientras yo contesto a mi hermana.
-Por supuesto, nos apetece un montón, será un día genial. ¿Ace? claro está encantado, le ha hecho tanta ilusión que creo que va a llorar de un momento a otro.
-Vamos que te está diciendo que ni de coña ¿no? -me contesta Jossy.
-Ya sabes cómo le gusta a él la playa, cuanta más arena, mejor.
-En realidad vamos a una cala, en su mayoría es de roca, que a él lo de bucear sí le gusta.
-¿Qué es toda de arena? ¿ni una roca? ¿y no se puede bucear? no te preocupes le gustará igual.
-No seas capulla.
-Hasta mañana hermanita.
-Si me lleváis a una playa de esas en donde estiras el brazo y le tocas la teta a una desconocida, no salgo del coche, te lo advierto.
-La muerte por asfixia es lenta y tortuosa.
-No me des ideas.
-Ja, ya intentaste matarme cuando me regalaste los patines y no funcionó ¿recuerdas?
-Pero sigue siendo la entrada más visitada en tu blog. Lo que demuestra que la gente quiere ver como lo hago.
-El que tiene intención de quedarse encerrado en un coche a más de cuarenta grados eres tú.
-Pues no voy y tú tampoco, te lo prohíbo.
El tenedor se me cae de la mano y va a parar al suelo, justo antes de que una estruendosa risa salga de mi boca, mientras me retuerzo en el sofá.
-Podrías hacer como que me respetas un poco ¿no? -se queja Ace.
-Sí ahora... espera... que termine... de reírme... -después de un rato me calmo.
-Pues te vas sola, yo me quedo -dice retirando los platos. Se dirige a la cocina. Yo voy detrás de él con la jarra del agua y los vasos usados. Comienza a fregar los platos con energía.
-Me toca fregar a mi, que tú has hecho la comida -protesto.
-Ya, solo que tú no friegas.
-Sí que lo hago. Pero  no inmediatamente.
-Lo que viene a ser lo mismo, porque sabes que yo no lo soporto y los friego.
-Si ni siquiera me has dado tiempo a llegar al fregadero -le digo apoyando los brazos en la encimera.
-No quiero ir.
-Venga Ace, tan solo es un día de playa, vives en Alicante, no puedes pasarte el verano entero sin ir a la playa.
-Podría, si tú me dejaras.
-No seas ridículo.
-Y encima en plan camping.
-Mucho te quejas de acampar a la madrileña, pero luego bien que te gusta estar en la silla, sin tener que mancharte de arena.

Los rayos de sol me despierta, me giro en la cama solo para darme cuenta de que estoy sola. Ace ya se ha levantado.
-Me duele la tripa, creo que no puedo ir -me dice.
-Si no tuviera catorce sobrinos, te creería.
Mi hermano se ha adelantado con su familia en un coche. Nosotros vamos en otro con el resto. El coche en cuestión tiene siete plazas. Me he retrasado hablando con mi madre, mientras Ace, mi cuñado y mis hermanas guardan las cosas en el coche.
-Ace dice que tú prefieres la parte trasera, así es que sube -lo miro con rabia y él me devuelve una sonrisa de satisfacción. La parte trasera es la séptima plaza y no se sabe si es un asiento o un trozo de maletero.

Llegamos a la playa y el chiringuito ya está montado. Añadimos unas cuantas sillas y un par de neveras. Y mi cuñada Ro, comienza a sacar cosas. Lleva consigo una especie de bolso Mary Popins, para adultos, del que salen; limas, hierbabuena, azúcar y claro ron, y hasta hielo picado.
-Llevo picando hielo desde las ocho de la mañana, así es que no desperdiciéis ni un pedacito -amenaza mi hermano.
-Ves, Ro tortura mejor que yo, así es que no te quejes -le digo a mi marido.
En un momentito nos ha preparado unos mojitos. Y al agua.
-¿Por qué no me has dicho, que era de rocas en su mayoría? me habría traído las gafas y eso -se queja Ace.
-Ummhh...¿porque no lo sabía?
-Y qué tal porque no querías perderte la diversión, de verme atormentado con la idea.
-Sí eso también. Pero he traído gafas ¿ves?
-Las de la piscina no cuentan.
-Pues no te las doy.
-Anda trae -me las quita de las manos y se va con mi hermano y los tres hijos de este a la parte rocosa. Yo me introduzco en el agua con Ro.
-¡Ay! -grito.
-¿Qué te pasa? -me pregunta mi cuñada.
-Noto algo en el pie, como un golpe.
-¡Joder, que tiricia! Otra vez, otra, otra.
-¿A ver? -mi cuñada se sumerge en el agua, yo meto la cabeza y las gafas de piscina se me llenan de agua, pero alcanzo a ver mis pies llenos de enormes bichos que me atacan sin piedad.
-Mira los mini pececillos te están haciendo la pedicura -vale, a lo mejor los bichos son en realidad peces, y probablemente no sean enormes, habrá sido por la gafas llenas de agua.
-¡Mierda de gafas! están rotas.
-Me alegra saber que existe la justicia divina -comenta mi marido acercándose.
-¡Cariño! -grito encaramándome a él -las pirañas estas se quieren comer mis pies.
-Solo te están limpiando los callos -dice Ro.
-Yo no tengo callos -protesto.
-Pues la pieles muertas -contesta ella.
-Me encantan mis pieles muertas, son mías y no quiero que me las quiten.
-Anda baja que voy a seguir buceando -Ace me deja en tierra otra vez.
-Eso abandóname a mi suerte, mal hombre -pero él ya está bajo el agua.
A lo lejos vemos un buzo exótico. Un tipo con un tubo rosa fucsia y unos zuecos  amarillo fosforito.
-A ese no se le acerca ni un pez, con tanto colorín.
-El el cuñao -me informa Ro.
-Lleva mis gafas y los zuecos de estar por casa de tu hermano. Le he dicho a tu marido si quiere unos que llevo otro par, pero me ha dicho que no.
-Ace no se pone eso ni aunque tenga que andar entre erizos -mientras comentamos esto yo me he subido a las rocas y me dispongo a tirarme con elegancia. Y toda la elegancia sale disparada a mis tobillos cuando mi monísimo y pequeñísimo biquini entra en contacto con el agua. Me lo subo y me siento en las rocas. Moviéndome con el ritmo de las olas.
-Ten cuidado que tu hermano dice, que ahí también hay peces de esos venenosos.
-Mujer ya sería mala suerte -no obstante le hago caso y vuelvo a la arena. A los pocos segundos noto un dolor agudo y punzante.
-¡Ahhhh!
-Otra vez los peces -dice Ro.
-No, no sé por qué pero me duele el chichi.
-¿El chichi?
-Te lo juro, aquí. Me duele mogollón.
-A ver si al final te ha picado.
-No jodas. ¡Dios cómo duele! Casi no puedo andar.
Con la ayuda de mi cuñada salgo fuera, al momento estoy rodeada de toda mi familia. No me podía haber mordido en un pie como a todo el mundo.
-Agua caliente -dice mi hermano. Naturalmente mi cuñada abre el bolso y saca un termo de agua caliente. Por un momento se me olvida el dolor.
-¿Traes agua caliente a la playa? -le pregunto.
-Para el café.
-Ah -¿y por qué demonios me parece lógico? estamos a cuarenta grados en frente de un chiringuito con café granizado.
Mis hermanas me rodean con varias toallas, me lavo la zona con el agua.
-¿Mejor? -pregunta alguien.
-Duele mucho -contesto yo, antes de cerrar la boca tengo un ibuprofeno y un vaso de agua para tragar.
-Será mejor que vayamos al puesto de Cruz Roja -dice mi hermana.
-No te preocupes Ace, ya la acompañamos nosotras -mujeres unidas jamás serán vencidas, pienso yo. El veneno me hace desvariar.
Ace echa un vistazo al puesto, yo sigo su mirada. Dos jovencitos con afición al gimnasio conversan tranquilamente en la puerta del mismo.
-Esto... va a ser que no, yo la llevo -me coge en brazos y llegamos en un momento, el dolor no se calma.
Al llegar mi marido se dirige a los chicos.
-Le ha picado algo -indica sin más.
-¿Dónde? -pregunta uno de ellos.
-¿La vas a atender tú? -insiste mi marido.
-No, el enfermero está dentro.
-Pues entonces no te importa una mierda -y pasa a su lado tan tranquilo. Oigo como uno de ellos pregunta al otro.
-¿Y a esto qué les pica?
-A ella probablemente un pez araña, ya sabes que hay bastantes y a él yo diría que su mujer.
Dentro un chico delgado con cara de acabar de salir de la cuna, en vez de la universidad juega con su móvil.
-¿Qúe pasa? -me pregunta.
-Le ha picado algo -contesta Ace.
-Acuéstala aquí -indica pero sin mirar a Ace a la cara. Ace me deja sobre una camilla.
-¿Dónde te ha picado? -pregunta. Ace aprieta mandíbula.
-Ahí -contesto yo señalando la parte baja de mi cuerpo.
-¿En el pie? -pregunta. Yo niego con la cabeza mientras me retuerzo.
-¿En el muslo? -vuelvo a negar.
-¿En...?
-¡En el coño! -grita mi marido. El chico medio temblando contesta.
-No hace falta ser grosero oiga, yo solo hago mi trabajo.
-Era la respuesta, quiero acabar con esto antes de que el veneno le llegue al cerebro. Aunque parezca mentira me gusta su cerebro. Yo soy capaz de sonreír.
El chico echa mano a mi biquini y su muñeca es rápidamente agarrada por Ace.
-Yo haré eso ¿de acuerdo? -amenaza respirando en el cogote del pobre enfermero. Me parece ver que se le ha reventado un grano de su acné juvenil del susto. No todos los días tiene uno en sus manos el chichi de un tipo calvo, con perilla y más dibujos que un tebeo de la Marvel.
El chico me pone una pomada, y se las ingenia para no tocarme en el proceso.
-Puede haber sido un pez araña, aunque no veo que te haya dejado ninguna espina. Está algo inflamado pero tampoco tanto.Con esto mejorará rápido, ya verás.
-Esto... te importaría mover el biquini un poco más... es que....-mi marido le mira con cara de pocos amigos.
-¡Joder! -le quito la pomada de las manos, vacío medio bote en ellas, me bajo el biquini por completo y me embadurno de ella.
Media hora después aún no noto esa parte de mi cuerpo.
-¿Estás mejor? -me pregunta mi marido ya en casa.
-Te juro que nunca más te obligaré a ir a la playa.
-Eso está bien. Ahora descansa mientras te preparo un baño. Un besito en la nariz. Ains que dulce mi bestia.





lunes, 9 de julio de 2012

Chicas H






He quedado con mi grupo de amigas H, para tomar un café.
Al llegar veo a Erre sentada, con sus gafas de sol puestas, su pelo recogido hacia atrás, y la revista de Mens Health en la mano, contando los cuadritos de la tableta de chocolate, de el último famoso de turno sometido al EPLMDUDF que viene a ser -entrenamiento para la mejora del uso y disfrute femenino -.
-Aquí estás tú, con tu pasatiempo favorito –comento sentándome a su lado.
-¿Pero tú has visto? Este se ha pasado cuatro pueblos, tiene más onzas que una pastilla de las de Valor.
-Ummhhh y seguro que está dulcecito, dan unas ganas de darle un bocado a ver –sugiero congiendo la revista.
-El de verdad no sé., pero ese seguro que sabe a tinta –nos corta el camarero con una risita.
Lo suyo habría sido que me pusiera roja, pero no me sale de manera natural. Mi amiga se ríe abiertamente.
-Yo quiero un cortado –pide.
-A mi un capuchino –el camarero nos sonríe y va a prepararlo.
-Que perraka eres –me dice Erre.
-No, la perraka acaba de entrar por la puerta.
-¡Chicas! –nos saludan Eme, Ele, Eme Jota y las demás,  viniendo hacia nosotras.
-¿Qué pone en la camiseta? –pregunto, ya que llevo lentillas y con ellas me es imposible leer a cierta distancia. Vale sí, soy muy miope, pero soy aún más presumida.
-“Estas son mis mejores amigas” –lee Erre.
-Que maja es ¿eh? se la ha puesto en nuestro honor –comento.
-En realidad, una flecha señala sus tetas –me aclara.
-Sí claro, eso es más razonable –asiento en un gesto con la cabeza.
Eme se sienta llenándolo todo de bolsas, evidentemente han estado de compras.
-Hemos ido de compras  ¡camarero un bombón! –dice de corrido Ele.
-Sí, eso no hace falta que lo juréis –asiento.
-Esto es para ti –informa Ele, dándole a Erre un paquetito envuelto en papel de pinocho rosa con un lacito.
-¿Si? ¿tengo un regalo? Pero si no es mi cumple.
-Hija lo he visto y no he podido resistirme.
-Venga ábrelo de una vez –insisto.
-Voy, voy –con cara emocionada y mano temblorosa empieza a romper el papel y aparece un pequeño vibrador morado con forma de…
-¿Un espárrago? ¿le has comprado un espárrago? –pregunto.
-No es un espárrago –se defiende Ele.
-Es un vibrador –informa Eme –si le das a este botón, se mueve, mira.
El camarero se acerca en ese momento.
-¿Eso es para que os lo haga a la plancha? –nos pregunta.
-No precisamente –me río.
Entra I con cara de agobio y se dirige directamente a la camarera, metiéndose a empujones no muy discretos, entre dos entrajetados que están tomando café en la barra sin quitar el ojo a nuestro espárrago.
-Nena déjame el ambientador anda, que hoy tenemos la visita de unos clientes de esos pesados y presumidos y huele todo el despacho a croquetas congeladas.
-Oye guapa, mis croquetas son caseras y mi extractor funciona divinamente, lo que huele será la bazofia que traes en el tuper todos los días, por no gastarte un duro en mi bar –se queja poniendo el ambientador en sus narices.
-Mejor no te pido un café ¿no? –la otra únicamente la mira.
-Parece que te has quedado sin almuerzo –comento.
-¿Se puede saber que le pasa? –pregunta I.
-¿Ves aquella cursi de gafas de la esquina? –indica Erre. I asiente con la cabeza.
-Es de Sanidad –contesto.
-¡Ups! Y ahora se ha puesto a revisar los extractores. Yo de ti cambiaría de bar –le aconseja Ele.
-¡Joder! Para terminar de rematarlo, mi jefe tenía que venir justo a este bar –nos dice I, al ver que el susodicho jefe entra por la puerta y pone una de sus sonrisas de vendedor de coches usados. Vamos, comisuras en orejas.
-Creo que viene hacia aquí, ni se te ocurra invitarlo a sentarse ni para hacerle la pelota ¿eh? –amenaza Eme.
-Es peor aún.
-¿Por qué? –pregunta Eme.
-Me temo que los presumidos y pesados clientes del jefe, son los encorsetados de la barra –informo.
-¡Tierra trágame! ¡Y esconde eso por el amor de Dios! –gime I agarrando el espárrago. Momento que el jefe escoge, para acercarse a ella y cogiéndola por el hombro, levantarla de la silla para acercarla a los clientes y presentárselos.
-Os presento a mi brillante ayudante, I. I ellos son los maravillosos clientes de los que te hable -. I sonríe, pero no extiende la mano, el jefe la mira con la ceja levantada. I se decide y tira al suelo el vibrador para dar la mano a los clientes. Lo hace y respira.
-Señora –dice un niño tirándole de la camisa.
-¿Sí? –contesta I poniendo su cara más maternal.
-Se le ha caído esto –un objeto de plástico con forma de espárrago aparece en sus manos.
-Ehhh no pequeño, te equivocas, eso no es mío.
-He visto cómo se le caía.
-¡Hombre! Mi espárrago –el frutero acaba de entrar en el bar, tan guapísimo como siempre; alto, moreno, fuerte, musculoso, con unos ojazos impresionantes y encima buena persona. En nuestra mesa las risas por los apuros que está sufriendo nuestra amiga, son sustituidas por un generalizado ¡aaaaayyyyyy!
Él, coge el espárrago, su café para llevar, nos guiña un ojo y sale.
-Vuestro pedido estará listo en un momento –nos informa desde la puerta con una deslumbrante sonrisa.
-¡¡¡Aaaaayyyyyy!!!! –todas suspiramos.
-Ahí llega Jota –nos indica Eme. Jota viene distraída mirando su I-phon y partiéndose de risa, se choca con el frutero y ni se entera.
-¿Qué miras que vas tan distraída? –pregunta Eme Jota.
-He colgado una foto para uno de mis personajes en el face.
-Y? –le digo.
-Mira lo que me contesta una.
-¿Qué? –pregunto. Jota me deja el móvil.
-“Con este te has pasado, es demasiado irreal. A mi me gustan los tíos más de verdad, no tan de anuncio” –leo en voz alta.
-Pero si es tu marido –dice Ele.
-Por eso me río –contesta Jota. Y todas nos reímos con ella.
Al terminar el café pasamos por la frutería a recoger el juguetito de Erre.
-Ha pasado por tantas manos que no sé si lo quiero –comenta.
-No seas tiquis-miquis –le dice Eme Jota.
-Esto… ¿tienes nuestro pedido? –pregunta Erre.
-Claro –contesta el frutero. De nuevo esa sonrisa y todas.
-¡¡¡¡Aaaaayyyyyy!!!!!!!
Se da la vuelta para coger la bolsa, la espectacular vista de su trasero hace que sea ¡¡¡¡¡AAAAAAAAYYYYYYYYYY!!!!!!!!!!!
-Aquí tenéis –salimos con un nuevo suspiro.
-Esto pesa mucho para ser el espárrago –comenta Erre. I le quita la bolsa y la abre. Los ojos se le agrandan, mete la mano y saca un calabacín del tamaño de un bate de béisbol.
Vuelve a meter la mano y al lado del espárrago hay una nota.
“He pensado que te gustaría más”
-Ya le vale.
-Será pervertido.
-Increíble.
-Que grosero.
-El muy salido.
-Pero tiene buen culo.
-Sí, eso sí.
-Definitivamente.
-Buen culo, sí señor.  

A mis queridas H que tan buenos ratos me hacen pasar.  



viernes, 11 de mayo de 2012

MEMES PRIMAVERALES




¿Os he hablado alguna vez de mis amigos del face?

Tengo que contaros un día unas cuantas anécdotas. Como el día en que Nina embarazada de ocho meses, entró a una farmacia a pedir un Predictor. O cuando Rajita -del chat maleta roja- se equivocó y puso la foto de un... ejem... miembro, en su muro personal en vez de en el privado del chat. O cuando Kika se quería poner una falda de cuero de los ochenta, para una reunión de antiguos amigos del cole -con sus tres tallas menos-. O cuando la Jefa anotó el nombre de un producto en un marca páginas y luego regaló el libro con el mismo dentro.

El caso es quedamos para tomarnos nuestro café virtual; carajillo de Baileys, cortado, capuccino, tewhy... y la última que se les ha ocurrido es hacer el Meme primaveral, que consiste en crear una cadena de preguntas y respuestas que servirán para conocernos mejor.Jud y Lala me han enviado las mías y ahí van, junto con mis respuestas.


1- ¿Cuál fue el primer libro que te leyeron de pequeño?
Mi mamá no sabe leer, así es que no recuerdo que me leyeran.
2-¿Y el que leíste por tí mism@?
Era muy pequeña, aprendí muy pronto. Mi madre nos traía a unos diminutos cuentos clásicos, que todavía conservo. Eran de publicidad del restaurante en el que trabajaba. Pero sé el primer libro que me compré con mi dinero, porque aún lo tengo. Se llama La granja de Pedro, me costó cien pesetas y tendría yo cinco años.
3- ¿Qué esperas de un libro cuando lo abres?
Para mi es muy importante que me atrape la historia desde el principio.
4-¿Cuando comenzó tu andadura por el mundo blogger?
A penas soy una novata. En Junio del año pasado.
5-¿Porqué mostrar tus escritos y/o opinines literarias al mundo?
Porque mis familia lleva años, insistiendo en que tengo que hacerlo. Y el mundo blog, me abrió muchas posibilidades. Sinceramente, sin internet, tal vez aún estaría por decidirme.
6-Lo primero que llama tu atención a la hora de comprar un libro.
A veces la portada, a veces el título, a veces la sinopsis.
7-¿Eres de l@s que se guían por reseñas u opiniones para leer un libro?
Confieso que en muchos casos sí, pero si ya soy seguidora de un autor, normalmente leo todo lo que puedo de el mismo.
8-¿La polémica vende?
Yo diría que sí.
9-¿Crees en eso de que tienen que hablar de uno aunque sea mal?
No, a mi no me gustan esas historias.
10- Un autor o autora española y un libro.
Lo siento, pero me es imposible responder, todos los que me conocéis sabéis que tengo debilidad por varias, pero no puedo decir una, ni siquiera puedo decir dos, ni tres...



1. Esbribir: ¿Esquema riguroso, o un poco a la aventura?
A la aventura, de hecho yo tengo una forma de escribir un tanto peculiar, primero escribo las escenas que definen el libro y luego relleno entre ellas.
2. ¿Sois partidarias de incluir historias secundarias en las novelas?
Sí, cada vida propia tiene un poquito de la vida de aquellos que les rodean, en las novelas no puede ser diferente.
3. Un libro que nunca leeríais ni aunque os paguen.
Si me pagaran por leerlo, lo leería, el trabajo es el trabajo.
4. ¿Qué opinais del uso de tacos? (Esta pregunta me interesa especialmente)
Depende de la novela. Es como el sexo, puede venir a cuento o no. Mis novelas son contemporáneas, por tanto utilizan un lenguaje de hoy día, con tacos incluidos. Y en el blog, qué voy a decir, si cuento mis propias vivencias, los que me conocéis sabéis que uso tacos.  
5. Dentro del género romántico, ¿por cuál os decantáis?
Contemporáneo.
6. Vuestra mejor arma es...
¿En la literatura? Los diálogos.
7. ¿Y vuestra debilidad?
La falta de tiempo.
8. ¿Cuánta importancia le das al título?
Mucha. Como la portada, es de las primeras cosas que ve el lector.
9. ¿Cuál es el/la protagonista de novela mejor interpretado en la gran pantalla?
En esto no tengo ni la más mínima duda. El padrino.
10. Y hablando de la gran pantalla. ¿Lees primero el libro, o antes ves la película?
Pues depende. Hay libros que para mi son muy visuales, y prefiero las pelis, como en el caso de "El señor de los anillos". Otros como "El padrino" cualquiera de los formatos me parece excepcional. En "El retrato de Dorian Grey" prefiero el libro. En cuanto a romántica, que es nuestro género, de momento me quedo siempre con el papel, con algunas honrosas excepciones, que normalmente son más del género sentimental; "Postdata: Te quiero" o "El diario de Noa".




Y ahora yo tengo que nominar. Y mis nominadas son... tachán, tachán...

Noelia Amarillo -escritora-
Ninieve y Elena -entre ramas románticas-
Menchu Garcerán -escritora-
Noe Casado -escritora-
Eva y Monty -Más que vampiros-

Recordad, que es un juego. Si queréis jugáis y si no, pues no. 

Mis preguntas para vosotras:

1. Género que más lees.
2.¿Cuántos libros compras en un mes?
3.¿Papel o digital?
4.¿Lees en sitios públicos? o solo en casa en privado.
5.¿Forras las portadas que no te gustan?
6.Tu libro favorito. 
7.El que menos te ha gustado.
8.¿Estás esperando como agua de Mayo, algún título?
9.Autor favorito.
10.¿Qué libro estás leyendo en este momento?

Hasta la próxima.



miércoles, 18 de abril de 2012

VI ANIVERSARIO DE BODAS



-¿Te gusta el hotel? –pregunta mi marido.
-Está chulo, mira tiene piscina en la entrada.
-Lo sé, y jacuzzi en la habitación. Lo reservé yo ¿recuerdas?
-Sí, pero que sepas que todavía no te he perdonado por el retraso.
-¿En qué puedo ayudarles? –nos pregunta un chico flaco y ojeroso, que se encuentra detrás del mostrador.
-Reservé una habitación para este fin de semana a nombre de Ace, Cheny Ace.
-¡Ahhh! Sí peroooooo un problema de última emmmmhhhh hora, nos ha obligado a tener que… cambiarles.
-¿Qué problema? –pregunta mi marido.
-Ummmhhhh, una avería.
-Ya, en el jacuzzy ¿no? –pregunto yo.
-Ehhhh sí.
-A este hombre le cuesta más hablar que  moverse, eso teniendo en cuenta que se mueve más lento que una anémona –susurro a mi marido.
-¿Las anémonas se mueven? –me pregunta Ace también entre susurros.
-Sip, pero tan despacio que es imperceptible al ojo humano. Mira, mira, está a punto de coger la llave.
-Venga que casi es tuya –anima Ace.
Ring, ring, ring…
-Mierda el teléfono. No, no te desvíes –suplico –primero la llave.
Pero no tenemos tanta suerte claro, justo cuando sus dedos casi rozan el casillero, desvía su dirección hasta el teléfono.
-¡Joder! Pero si ya casi estaba –gruñe Ace.
-Respira, respira, que ahora tiene que hablar.
-Ehhh Hoteeeeel Felices ehhhhh Vacaciones.
-Y largas –respondo.
Diez minutos después cuelga, mi marido está de color azul y un humo de intenso gris sale por sus fosas nasales. Juraría que hasta tiene cuernos. Tengo que dejar de leer a Sheryll Kenyon.
La mano del espécimen que habita en el interior del mostrador vuelve a intentar coger la llave, vemos como roza la misma…
-Por fin…-
Plin plin. Una pareja go-gos. Plin Plin Plin.
-¿Eso es necesario? –les pregunto ante su insistencia en tocar la campanilla.
-Es la única forma de que despierte, créeme –me dice la go-go hembra.
Le arranco la campanilla de la mano y me pongo a darle como una loca.
El espécimen en cuestión abre los ojos de par en par, y hace amago de entregarnos la llave.
-Ummmmmhhhhhhh, sigan el pasillooooooo, yyyyyy a la derecha.
-Sí, al fondo a la derecha, como siempre –el hombre, en respuesta sube y baja la cabeza mal disimulando un bostezo.
Mi marido le arranca la llave de la mano y nos vamos hacia la habitación. Nos extraña que esté en la planta baja pero… no vamos a discutir con Don Anémona.
-¡Jo-der! –comenta Ace al ver la habitación. Pequeña, una cama de 1.15 de ancho por 1.70 de largo, una mesita de noche de los divinos ochenta y… nada más.
-Tranquilo, si para lo que vamos a parar aquí.
-Me van a oír –lo veo salir airado, con pinta de matar a alguien y lo sigo.
-¡Quiero hablar con el encargado! –grita al recepcionista.
-Ehhh un momento –lo vemos desaparecer por una puerta trasera.
-Ehhhh la primera puerta, al lado del ehhhhh mostrador –me asomo por el mostrador hacia el lugar en el que sale la voz. Un interfono.
Llegamos hasta la nombrada puerta y Ace abre sin llamar. Nos encontramos en un despacho, que hace unos veinte años fue elegante. Un pesado escritorio reina el centro del despacho, detrás del cual, hay un sillón de skay que nos da la espalda. El sillón se vuelve lentamente y…
-Tú –dice mi marido.
-Eeeehhh me han dicho que ummmmhhh querían hablar con esto… el encargado.
-¿Te han dicho? ¿te estás quedando conmigo?
-Ummmhhhh no.
-Déjalo Ace, vamos a disfrutar del fin de semana tranquilos. Pasa de la habitación.
Ace me mira, mira al tipo, que bosteza impertérrito y cogiéndome de la mano me lleva a la habitación.
Después de arreglarnos un poco, ya sabes; ducha, sexo, ropa… salimos a cenar. Como es pronto nos paramos a tomar una cerveza en un bar cualquiera, donde un tipo de unos cincuenta o sesenta o setenta –vaya usted a saber- años, bebía cerveza y contaba batallitas la cantinero y al otro único cliente. Y por supuesto a nosotros.
-Vosotros que sois jóvenes ¿os lo podéis creer? Yo hippy toda mi vida, he vivido en una comuna por todos los santos.
-¿Santos? –pregunta Ace.
-Es un decir hombre –protesta el Hippy.
-Pues va mi hija y se casa con un broker, ¡un corredor de bolsa! Que disgusto.
-¿Es un tío chungo? –pregunta el cliente alternativo, que debe dedicarse a la compra venta de sexo.
-No, es buena persona, pero cuando estuve en su casa… -el hombre movió la cabeza negativamente remarcando su disgusto.
-¿Un desastre de casa? –pregunto yo.
-No –remarca el hombre, dando un largo trago a su cerveza –impecable. Pon  unos chupitos de Tequilas, yo invito.
-¿Tan malo? –pregunta Ace.
-Sip, salud –limón, sal y para dentro.
-¿Y…un psicópata? En EEUU dicen que hay muchos –murmura el camarero, como si estuviera contando un secreto.
-No. ¡Es millonario! ¡Un maldito corredor de bolsa millonario! –suena un móvil. El tipo se echa la mano al cinturón y lo coge.
-¿Los hippys llevan móvil? –pregunto a mi marido en susurrante.
-Este sí.
-Lo siento pero me tengo que ir –nos dice –mi mujer está a punto de dar a luz, es muy joven y tiene miedo. Quiere que esté con ella. Aunque probablemente mate a sus padres, antes de que termine el parto.
-¿Parto en casa? –pregunto.
-Por supuesto, como nuestra madres y abuelas que…
-Que morían de parto a los cuarenta.
-Bela…-me advierte Ace.
Por fin en el restaurante.
-Que sepas que va a costar que te perdone, esta vez el retraso es de diez días.
-Me perdorás.
-No sé yo –titubeo.
-La última vez que me retrasé ¿me perdonaste?
-Me diste un regalo de la lista por cada día de retraso, cinco regalos! Pues claro que te perdoné. Un momento, ¿me vas a regalar diez cosas? Te podías haber esperado dos días más, y me das la lista entera. No habrás descartado los botines, porque los necesito, tengo unos rojos, unos negros, unos marrones y unos azules, pero no tengo ningunos color caramelo son imprescindibles y el perfume, apenas me queda, no puedes…
-O te callas o no hay regalo –amenaza. Yo hago el gesto de cremallera en boca.
Me entrega una cajita de terciopelo rojo.
-¿Un anillo? No estaba en la lista, pero bueno…
-Ábrelo –lo abro despacio, los que me conozcáis sabéis que no me gusta romper el papel de regalo. Cuando abro la caja, la mandíbula se me descuelga.
-Son… son… es… es…
-Brillantes, seis, uno por cada año. Son pequeños pero… espero que te guste.
-Cariño, me acabo de correr.
-Pero que burra eres.
-No es broma. Dame la mano. Esa no, la que tienes en mi rodilla –la pongo justo donde tiene que estar -¿Lo ves?
-¡Camarero! La cuenta –grita Ace.
-¿Y el postre?
-Te lo doy en el hotel, tranquila.
Cuando llegamos al hotel una conga de gogos machos y hembras, nos coge y nos pone a dar vueltas con ellos. Al conseguir escapar estamos tan cansados que no sabemos si podremos cumplir con nuestro primer objetivo.
Conseguimos entrar en la habitación. Mi marido se dirige a la ventana.
-Vamos a abrir un poco, que entre el aire de la noche. En vez de el aire entran una retahíla de suspiros y grititos, nos asomamos y vemos a dos gogos machos, practicando el arte amatorio.
-Bonitas vistas al almacén –le digo a mi marido.
-Vaya corte de rollo –contesta él.
-Seguro que si fueran dos tías, estarías como una moto.
-Créeme eso es bueno para ti.
-¿Tío tenéis un condón? –nos pregunta el de abajo.
-Creo que sí –contesto girando la cabeza para intentar mirarlo a la cara.
Mi marido se saca uno de la cartera y se lo tira. Después cierra la ventana.
-Se acabó la función, vamos a dormir y mañana será otro día.
-Me lo dices en serio.
-Estoy roncando.
Salimos por la mañana y le decimos al hombre anémona que pueden ir a hacer la habitación que estaremos fuera unas horas. Volvemos a mediodía.
-¿Sabes creo que el mostrador es el habitat natural del hombre anémona? –le digo a Ace.
-¿Por?
-Te has dado cuenta que siempre que salimos o entramos está ahí, sea la hora que sea.
-Es verdad.
Al entrar en la habitación vemos la cama sin hacer.
-¡Me cago en todo lo que se menea! –grita Ace.
-Cariño y que más da si vamos a deshacerla –Mi marido me mira elevando ligeramente el labio, dispuesto a atacar.
-Espera –interrumpo –voy a avisarles de que no vengan ahora.
                        **************************************
-Chica pues a mi los gogos me gustan, dan buenas propinas –dice una de las chicas de la limpieza del hotel, abriendo la puerta de la habitación 001.
-¡Guau! Esa postura le tengo yo que decir a mi marido que la quiero probar…
-¡Fuera de aquí! –grita Ace.
Las chicas salen a la carrera, y mi marido se deja caer en la cama.
-¿Volvemos a casa? –pregunta.
-Feliz aniversario, cariño. Ha sido un fin de semana inolvidable –comento mirando mi anillo recién adquirido.
Al salir a recepción nos dirigimos al recepcionista, el de siempre claro.
-Perdona, tenéis servicio de cafetería.
-Ehhhhh, por supuesto, ehhhh en frente.
Nos damos la vuelta y tras cuatro pasos al frente estamos en la cafetería.
-¿Hay alguien ahí? –pregunta Ace.
De debajo del mostrador vemos sobresalir una cabeza con ojeras.
-Ehhhhh sí, ¿querían algo?
-No me lo puedo creer –río yo.
-Pero como…
El hombre anémona nos pones dos cafés, leeeetos muy lentos.














jueves, 12 de abril de 2012

Sushi, Starbucks y flores de Bach o presentación de Espirales en Fnac Madrid


Con Noelia Amarillo y Lucía de Vicente







-Al final, el camino ha sido fácil -le digo a mi marido cuando estamos entrando en Madrid.
-Espera, que aún no hemos llegado.
-No, pero casi. Estaba yo cagada con M40, pensando que entraríamos en un bucle del que no podríamos salir.
-Mira salida, catorce. Recuerda que tenemos que salir en la diez.
-Trece... Doce... Siete ¿Siete?
-¿Cómo que siete?
-Te lo juro, y ahora pone siete/seis.
-¿Pero que ha pasado con las once, diez, nueve, ocho.
-Y yo qué sé. De verdad que no estaban.
-Mira que te he dicho, que las fueses mirando tú.
-Que las iba mirando, te lo prometo. Pero no están. Oye a lo mejor a Gallardón le daban tirria esos números y los eliminó.
-Si claro. Mira, ahí pone hacia Vallecas. Vamos a entrar, a ver si salimos a la Gavia.

En Vallecas.

-¿Y si preguntamos?
-No es necesario. Tú mira los carteles.
-¿Estás seguro?
-¿De qué?
-De que quieres que yo mire los carteles. Con lo fácil que sería preguntar.
-Que manía tenéis las mujeres de preguntar cosas que están indicadas.
-Pues yo llego a todas partes preguntando.
-Por eso siempre llegas tarde.
-Ja. Ups, acabamos de pasar un cartel que ponía Centro Comercial La Gavia.
-Te agradecería que me avisases antes y no cuando ya lo hemos pasado.
-Sí, eso estaría bien ¿verdad?

En el centro comercial

-¿Dónde habéis quedado? -me pregunta Ace.
-En la puerta de la Fnac.
-Y por qué no las llamas y les dices que ya estás aquí.
-Porque no. Ahora nos veremos.
-Hay varias puertas -me recuerda.
Ring, ring, ring.
-¿Sí? -respondo al teléfono.
-¿Dónde estás?
-Dentro de la Fnac, en la parte de arriba.
-Nosotras estamos en esa puerta.
-Ya salgo.
Al salir veo a Noe (Noelia Amarillo) echándose unas gotas a la boca.
Saludos y más saludos.
-¿Dónde comemos? -pregunta Ángela.
-Pues con las colas que hay, solo podemos meternos en el japonés. ¿Os gusta el sushi?
-No -contesta Ace.
-Tranquilas comerá fideos -informo yo.



En el japonés.

Sentados todos a la mesa. Noe se echa a la boca otras gotitas.
-Hay que comer con palillos que la comida japonesa no sabe igual, que con los cubiertos.
Yo, por si acaso, agarro mi tenedor con firmeza.
Abrimos los palillos, yo me quedo mirando los que me han tocado a mi. Veo que mis amigas comienzan a comer con los suyos.
-Oye esto está mal, a mi me han tocado unos defectuosos.
-¿Por qué? -pregunta Noe.
-Porque los míos están pegados.
-Es que tienes que despegarlos tú.
-Ups, los de la capital como sois.



Después de la comida fuimos a tomar café. Como no, al Starbucks. Nunca me he sentido tan cosmopolita. Cualquiera diría que ando por Nueva York en vez de por Vallecas.
Para los que como yo no lo sabéis, en Starbucks te pones a la cola, pides tu café, les das un nombre y cuando está te llaman y te dan el café que a ellos les da la gana.



-¿Que quiere?
-Un capuccino con crema de leche.
-Frapuccino?
-No, capuccino sin nata, con crema de leche.
-Sin nata?
-Sí.
-Pídeme un cortado -me dice Ace.
-Cariño estás en el Starbucks, vive peligrosamente, no sé, pide un especial con mocca.
-Me casé contigo ¿recuerdas? tengo el cupo de aventuras y peligros más que cubierto. Cortado.
-Me van a mirar mal.
-Cortado.
-Y póngame también un cortado -le digo al camarero.
Él me mira enarcando las cejas y gira su vista hacia el panel de especialidades. Lo sabia. Niego con la cabeza.
-Cortado -repite mi marido mirando muy serio al camarero.
-Ah, claro -contesta éste. Será capullo.
-Noelia!!!!!!
-El mío -dice mi amiga -Está bueno, raro pero bueno.
-Bela!!!!!
-Yo -lo cojo -¿Y por qué está frío?
-El frapuccino es frío.
-Ya, pero yo había pedido un capuccino con crema de leche.
-Pues yo también te he entendido frapuccino.
-No me ayudes Noe -le digo.
-Perdona -le dice un chico al cajero -Me habéis llamado pero no veo el mío.
-Pues está... en la mano de esa señora.
Noe mira su vaso -pues aquí pone Noe... Javi, pone Javi.
-Pues va a ser el mío.
-Mis gotas, necesito mis gotas -declara Noe.
-El suyo es este -le dice el camarero dando a Noe uno de chocolate.
-Es que el chocolate no me gusta -comenta el chico.
Noelia acaba en la mesa con dos capuccinos de medio litro, uno de choco y otro de caramelo. Y veinte eurazos menos en la cartera.
-¿Para que son las gotas que tomas? -le pregunto.
-Son flores de Bach, ya sabes que me pongo muy nerviosa en las presentaciones, así es que las tomo para tranquilizarme.




En la presentación.

Sentadas a la mesa, Noelia Amarillo, Lucía de Vicente y servidora Bela Marbel.
Fernando, el técnico de sonido, nos está retocando los micrófonos.
-Levántalo y acércatelo a la boca -me dice.
-No me digas obscenidades que soy una mujer casada -contesto. El chico me mira sin comprender. Pues a mi no me parece que mi sentido del humor sea tan retorcido.
-¿Sabes que lo que sale por este micro se oye en toda la Fnac? -me informa Lucía.
-Ups -ahora es cuando mi sentido del humor no me gusta ni a mi.
-Creo que me voy a tomar otra gotita -informa Noe.
-Como no te tomes el frasco entero después de los dos cafés de a litro que te has cascado, me parece a mi que no... -le digo.
-¿Empezamos? -pregunta Fernando.

Gracias a todos los que habéis asistido, a pesar de las fechas a las que estamos. Poner mis presentaciones en fechas imposibles, es un don que tengo.

La primera, la puse el mismo día que todo el mundo hacía la cena de empresa de Navidad. Hubo gente que no pudo ni aparcar y tuvo que irse sin verla. La segunda, coincidió con una manifestación de los maestros, hubo cuarenta mil personas, eso sí, con pancartas y gritos en contra del ministerio y del gobierno. La tercera coincidió con el encuentro RA en Madrid, y yo presenté en Barcelona, y ahora en plena Semana Santa en Madrid, cuando una buena parte de Madrid está en mi tierra, Alicante.

No obstante, siempre superáis mis expectativas y venís a apoyarme. Gracias, mil gracias.




Con Violeta Lago
Presentando


                                   



Mis chicas queridas



Con Lala Nuno
Leyendo y riéndonos

Con Ana Martín mi chica fuerte.



V tuyo o mío

Con Fernando técnico de sonido de Fnac