TODOS LOS LIBROS DE SELECCIÓN RINCÓN ROMÁNTICO A TAN SOLO UN EURO

UN EURO
Mostrando entradas con la etiqueta De amor y sexo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De amor y sexo. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de abril de 2012

SEXO CIBERESPECIAL


Mi amiga Clo me manda un mensaje por face.

Trrrrlllll –así suenan los mensajes en mi portátil -.

-Hola, lo he hecho he quedado con él.

-¿Pero vas a ir sola?

-Pues claro, si no cómo voy a conocerlo en profundidad –ya me entiendes-.

-Ya lo conoces en profundidad virtual petarda,  ¿y si es un psicópata?

-No lo es tía, lo conozco.

-No lo conoces, tener sexo virtual con un tío, no hace que lo conozcas.

-¡Pero que SEXO!

-Aunque sea con mayúsculas sigue siendo sexo.

-Oye, si tu vinieras por estas tierras ¿no quedaríamos a tomar café?

-Pues claro.

-Pues te conozco igual que a él.

-Yo no recuerdo haber hecho guarradas contigo.

-Ja. Además que si lo que temes es que quiera propasarse conmigo en cuanto me vea, pues… ¡ojalá!

-Oye cualquiera diría que llevas siglos sin…

-Nena en una sesión ciberespacial, no mejor dicho, CIBERESPECIAL con este chico, me lo he pasado mejor que en siete años con el innombrable.

-Descanse en paz.

-Eso.

-Vale, vale. Pero usa precauciones ¿eh?

-Lo haré.

Dos días después.

Trrrrllllll.

-¡Cloe por Dios!, estaba a punto de llamar a la policía ¿dónde estabas?

-He pasado los últimos días con Diego.

-Así se llama ¿eh?

-Sip, snif.

-¿Y es un sociópata? ¿ha intentado que comas mucho para luego quitarte la piel?

-Nop, snif.

-¡¿Peor aún?! Vive con su madre muerta en el sótano.

-Nop. Snif.

-Oh no! es un friky.

-Nop.

-Feo y contrahecho.

-Nop y nop, además ya lo había visto en cibersexo ¿recuerdas?

-Pues si ni es friky ni psicópata, ni más feo que un pie ¿qué le pasa?

-Es un caballero.

-¿Existen? Bueno, además de en mis novelas, digo.

-Sip, paga la cuenta, mueve la silla y lo peor…

-¿Aún peor? –ironizo.

-Nada de sexo hasta que no nos conozcamos mejor.

-Pero si ya lo habéis hecho y más raro que el normal.

-Eso se lo cuentas a él.

-¿Y lo has mandado a paseo?

-¡Y una mierda!

-Esa boquita.

-Está como un camión y me ha dicho que le gustó y puede llegar a enamorarse de mi.

-Y a ti se te ha derretido hasta el alma, claro.

-Síp. Además somos almas gemelas. Nacimos para estar juntos.

-Y eso lo sabes por…

-Porque nacimos el mismo día, a la misma hora, en el mismo hospital. Y nuestras madres estaban juntas en la misma habitación.

-Niña, eso el destino y lo demás tonterías.

-Lo sé.

-Tengo que escribir un relato sobre esto.

-¡Ainsss! –suspira virtualmente mi amiga.

-¿Cuándo le vuelves a ver? –pregunto.

-El fin de semana que viene. Ya te cuento. Uyss te dejo, que me están llamando por chat. ¡Es él!

-Pues que disfrutes reina.


sábado, 8 de octubre de 2011

La cosa se complica.

Mi amiga Mery, de la que ya os he hablado en alguna ocación, ha pedido ayuda por el face para colgar estanterías y montar muebles, está arreglando la casa evidentemente.
-Okis, se lo digo a Ace y a ver si llama a algún coleguita.
-Okis, besos.
Unos días después Ace me llama por teléfono.
-Nena ¿era hoy cuando íbamos a casa de tu amiga a lo de los muebles?
-Sí, ¿has conseguido liar a alguien más?
-A Sergio –me contesta.
-¿Pero a Sergio guaperas? –le pregunto yo.
-Y yo que sé si es guaperas.
-Es que… -empiezo a decir.
-Es que ¿qué? querías ayuda ¿no?
-Si, si. Nada no pasa nada, creo.
-Bela… hay algo que debería saber y no sé.
-Ehhh, no nada. Quedamos allí a las siete.
Los tres esperando que Mery abra la puerta, y cuando lo hace nos encontramos a una Mery sofocada, con un pequeño vaquero roto, una camiseta como tres tallas más grande decorada con manchas de comida y rotulador, más algún roto y el pelo recogido en una antiestética cola de caballo.
Al abrir la puerta y distinguir a Sergio entre los visitantes, un destornillador viaja desde su mano al pie descalzo.
-Me cago en la puta de oros.
-¿Te has hecho daño? –osa preguntar Sergio acercándose y recogiendo el destornillador.
-Tu qué coño haces aquí –espeta mi amiga con muy malas pulgas.
-Mira que eres agradable –contesta Sergio.
-¿Os conocéis? –indaga Ace mientras los tres clavan sus ojos en mi.
-¡Ah! ¿No os lo había dicho? Que despiste –contesto yo a nadie en particular entrando en la casa sin más demora.
-Ya la estás liando –me dice Ace en voz baja viniendo detrás mía.
-No sé de qué me hablas.
Sergio ha puesto cara de que no se le ha ocurrido nada bueno y sin más se acerca a Mery le planta un beso en los morros y le coge el trasero con ambas manos.
-¿A qué has venido? –pregunta Mery entre sorprendida, enfadada y extasiada.
-A montar muebles, creo.
-Pues la última vez que miré en el culo no tenía muebles.
Sergio levanta las manos en son de paz y da un paso hacia atrás con media sonrisa dibujada en la cara.
-¿A ver qué muebles son esos? –interviene Ace.
Mery nos lleva hasta un cuarto aparentemente infantil.
Los chicos se ponen enseguida en plan hombre, sacan herramientas, separan, ordenan y de paso mandan, a nosotras claro.
-Ehhhh Bela ¿me ayudas en otra habitación? –pregunta Mery.
-Claro –contesto deseando escaparme de las ordenes de los patrones. Me da la impresión de que ellos ni siquiera se han dado cuenta de que hemos desaparecido.
-¿Existe algo que le guste más a los tíos que una herramienta eléctrica? –pregunto a mi amiga.
-Claro tía, el fútbol.
Cuando estamos completamente a salvo de sus miradas y completamente protegidas de sus oídos gracias al ruido de las susodichas herramientas, Mery me agarra por los brazos.
-Pero que bueno está.
-¿Quién? –pregunto.
-Quién va a ser, tu marido no te jode.
-Oye guapa que mi Ace está muy bien.
-Sabes por qué lo digo.
-Claro porque estás colada por Sergio.
-Que va, si es un ligón de playa. Es sólo que tiene un polvazo.
-Vamos que te mola.
-Mogollón.
-Pues cualquiera lo diría.
-Si a él le mola que me haga la dura –me dice dirigiéndose a la cocina.
-No te puedes imaginar la pereza que me da este juego vuestro, menos mal que estoy casada.
Mery abre la nevera y saca unas cervezas.
-Vamos a llevarles combustible, ¿sabes? Creo que si tuvieras que jugar serías la reina.
-Pues yo creo que me habría hecho lesbiana.
-Cariño los juegos de los gays son igual de complicados.
-Pues a monja.
-Anda que los jueguecitos de Dios.
En cuanto entramos en la habitación me abrazo a Ace.
-Cariño no sabes cuanto te quiero –le digo apasionada.
-Yo también, pero te querría más si me dejarás terminar este agujero.
Así es mi Ace, todo romanticismo y efusividad, pienso yo.
Al volverme me doy cuenta de que Segio se ha quitado la camiseta y luce unos abdominales tipo tableta y un pectoral a juego, Mery le mira embobada, de un momento a otro se va a poner a babear y él decide dejar el.. el… el esto que esta usando para… para… para lo que sea. Extiende la mano reclamando su cerveza y mi amiga lo intenta, de verdad que lo intenta, da un paso pero…
-¡Cuidado! –gritamos los otros tres a la vez.
Demasiado tarde Mery ha caído a los pies de Sergio y las cervezas han rodado alrededor. Sus manos en un intento desesperado por mantener el equilibrio se han aferrado al pantalón de chándal de mi amigo y lo han arrastrado en su caída dejando a la vista un calzoncillo tipo slip.
Sergio apoya las manos en las caderas pacientemente mientras niega con la cabeza.
-¡Joder, joder, joder! –grita Mery llevándose la mano a la dolorida espinilla.
-Cariño si eso es lo que querías, solo tenías que pedírmelo –dice Sergio mientras se coloca el pantalón y se agacha ofreciendo su ayuda a Mery.
-¡Vete a la mierda chuleras! –contesta ella poniéndole una cerveza  en la mano y antes de que Sergio reaccione, mi amiga le hace el favor de abrírsela. Teniendo en cuenta el viajecito del bote en cuestión, en cuanto la chapa cede, el líquido ámbar se dispara hacia la cara del pobre chico que cae de culo.
Naturalmente mi amiga rompe a reír como una loca.
Tres horas después queda tan solo una estantería que poner, ahora ya, en el salón. Y en ello están Sergio y Mery mientras Ace y yo recogemos.
-Sujétala bien –indica él.
-Deja de dar órdenes ya –se queja ella.
Oímos un golpe seco y vemos a Sergio blanco como la pared, con los ojos fuera de las órbitas y una estantería que antes no estaba ahí, encima de su pie.
-¿Para qué coño la sueltas? –grita Sergio.
-Porque me estás poniendo de los nervios con tanto grito y tanta orden.
-Me despelotas, me empapas, me lesionas… ¿tratas así a todos los tíos con los que te acuestas?
-No, contigo estoy dando lo mejor de mi.
-Un momento –interrumpe Ace -¿vosotros dos…?
-Cariño déjalo que no te enteras –contesto yo.
-Ace llévame al hospital que creo que la loca esta me ha roto algo.
Mery sin darse por aludida mira hacia otro lado.
Dos horas después Ace entra en la sala de espera en la que esperamos Mery y yo.
-Ha sido esguince –nos informa –voy a acercar el coche. Por qué no entráis  a ayudarlo.
Durante el tiempo de espera Mery había comprado bombones para hacerse perdonar.
En la puerta (cortina) del box nos cruzamos con dos enfermeras.
-¿Ha visto lo bueno que está? Vaya abdominales –dice una.
-Pues yo juraría que te ha guiñado un ojo.
-¿Tu crees?
-Le has gustado te lo digo yo.
Yo suspiro temiendo la reacción de mi amiga. Al entrar le tira los bombones encima, con tan mala suerte que dan en sus partes más queridas y masculinas.
-¡Aaauuuuu! ¡socorro enfermera se ha colado una loca! –grita Sergio.
-No te quejes que no estarás tan dolorido si andas guiñando ojos y coqueteando con todo quisqui capullo.
-¿Celosa? –pregunta con una provocativa sonrisa.
-Ja, más quisieras.
-Ven aquí –ordena él.
-Ni hablar –contesta mi amiga, avanzando un paso.
-Que vengas.
-Que no joder –dos pasos más.
-Un poco más cerca.
-No, es no –dice Mery dándole con el dedo en el pecho repetidamente.
Sergio le agarra la muñeca y la tira sobre él dándole un beso que hace que yo mire a otro lado, y en ese momento entra la enfermera a la que le han guiñado un ojo.
-Este no es sitio para eso –protesta.
Mi amiga se pone una mano a la espalda y guarda cuatro dedos en un puño mientras eleva el llamado corazón al cielo.

sábado, 20 de agosto de 2011

¡Ay el amor! II o ¡Ay el sexo!

    (Se recomienda leer ¡ay el amor I)


Mi amiga Mery, mi amiga Dulce y yo hemos quedado para tomar unas copas esta noche, vamos a un local muy conocido de la ciudad. Fuera hay un montón de gente, dentro algunos grupúsculos aislados ¿por qué? momento cigarrito, es de esas cosas que al ser humano le gusta compartir.

-Tías que frustrante es eso de echar un mal polvo- nos dice Mery.
-Dímelo a mí- contesta Dulce- si no fuera por lo mucho que quiero a Luis, lo habría dejado hace siglos, creo que no hemos echado un polvo en condiciones jamás- Dos pares de ojos se dirigen hacia mí esperando solidaridad femenina.
-Lo siento chicas pero en eso no puedo ayudaros, yo no sé lo que es- contesto tranquilamente.
-Pero que hija de la gran casquivana que eres- me dice Dulce, yo giro la cabeza haciendo caso omiso de su observación.
-Bueno la cosa es que el otro día me lié con el tío buenorro ese que me molaba, pero vino a ser algo así como hacerlo con un muñeco.
-¿Y eso?- me intereso yo.
-Ya te lo cuento yo- interviene Dulce- nada de besos profundos, apenas caricias, buscar puntos erógenos no que se pierde mucho tiempo, vamos culo, tetas y al grano.
-Tu lo has dicho hermana- contesta Mery.
-¿Y por qué seguiste si no te estaba molando?- le pregunto yo.
-Es que está tan bueno, iba tan bien vestido…- me contesta.
-Ya te vale, vas a tener que cambiar tus prioridades o enseñarle- le recomiendo- cariño- digo dirigiéndome a Dulce- lo siento.
-Oh no os preocupéis por mi me apaño bien sola o con algún que otro sustituto, tíos buenos a las doce en punto- Mery y yo nos giramos sin ningún disimulo mientras Dulce pone los ojos en blanco.
-Paso de los tíos buenos, apañaos que dan mejor resultado- comenta Mery.
-Taco placero que diría Paquita la del Barrio, sin chili ni sal- le digo yo antes de soltar las tres una gran carcajada recordando las letras de la gran Paquita- de todas formas que sepáis que mi chico además de estar bueno sabe lo que se hace.
-Tú siempre poniendo los dientes largos- me riñe Dulce.
-Ya será menos- dice Mery.
-No cariño yo nunca me conformo con menos de dos- sentencio yo.
-Atención los tíos buenos se acercan- nos advierte Dulce.
-¿Cuántos son?- pregunta Mery.
-Tres- contesta Dulce- estamos justos.
-De eso nada os sobra uno- protesto yo inmediatamente.
-Pues te quedas aguantando la vela hasta que sepamos si nos gustan.
-Ya os vale- me quejo.
Los chicos en cuestión llegan hasta nosotras. Uno de ellos se pone a mi lado y roza mi escote con su dedo.
-Que tatoo más chulo- me dice poniendo lo que seguro que él piensa que es una voz de lo más sensual.
-Tu dedo también es chulo- le contesto muy tranquilamente.
-¿Tú crees?- me dice con una sonrisa que él imagina de lo más seductora.
-Sí y si no quieres que te lo corte y te lo meta por el…- en ese momento mi amiga Mery me da un empujón haciéndome callar.
-Ibas a seguir el rollo ¿recuerdas?- me dice al oído mientras el chico se guarda la mano en el bolsillo.
-Ha tocado así es que no hay trato.
Mientras nosotras dos discutimos Dulce ya ha entablado conversación y coqueteos con uno de ellos.
-Nosotras vamos dentro- les dice Mery- ¿nos acompañáis?- les pregunta Mery.
-Claro soy Jose- dice el que todavía no ha hablado poniéndose a su lado- los ojos del dedo sobón muestran fastidio al darse cuenta de que le ha tocado lidiar con la chunga, se aparta aún con la mano en el bolsillo para dejarme pasar.
-Dulce vamos- le digo yo.
-Ehhhh, sí sí voy- me contesta.
-Te recuerdo que Luis te espera en casa- le digo teóricamente en voz baja.
-Y yo te recuerdo que tengo ciertas necesidades básicas cubrir- me contesta en voz baja de la de verdad.
Mery andaba mirando hacia mí y diciéndome chitón con un dedo en sus labios..
Pum, plas, choque entre dos, vaso al suelo.
-Tío mira por dónde vas- le dice Mery a unas espaldas anchas que pertenecen a un tipo alto, en cuanto se da la vuelta veo problemas.
-Perdona no te he visto… joder de entre todas las personas de Alicante me tengo que chocar contra la come hombres- se queja el pobre incauto.
-Si miraras por dónde vas en vez de estar tonteando con todas las faldas del local no te chocarías, guaperas- le contesta Mery.
-¿Me vas a pagar la copa que me has tirado?- pregunta Sergio entre enfadado y divertido, acercándose peligrosamente a Mery.
-Hombre Sergio tú por aquí- digo yo devolviéndole el empujón a mi amiga.
-Pues sí, disfrutando mientras mojo a tu amiga- me contesta mirándola a ella y con absoluta doble intención.
-¡Ja!- le dice Mery acercándose más a él y poniendo los brazos en jarras- no tienes lo que hay que tener- le reta.
Mi amigo la engancha y… parece que sí que lo tiene. Miro aun lado, miro a otro elevo los hombros en dirección a los dos que se han quedado compuestos y sin ligue, me saco el móvil y llamo a un taxi.
Entro en casa quitándome los zapatos y la ropa y dejándolos abandonados en el  pasillo. Después de una visita al baño me meto en la cama y suspiro, un reconfortante brazo se apoya en mi cintura mientras una mano acaricia mi tripa.
-¿Qué tal tu noche con las chicas?- me pregunta esa voz familiar y ronca.
-Pues... las he dejado muy muy entretenidas- le contesto. Él se arrima a mí.
-¿Te apetece que te… entretenga?
Al día siguiente tengo dos mail.
¡Que noche!
¡Gran noche!
Y yo contesto.
¡Como todas las noches!
Tienes dos mails, me avisa la máquina.
Capulla.
Hija de la gran casquivana.  
     

lunes, 11 de julio de 2011

¡Ay! el amor.

                 
Mi amiga Mery y yo hemos quedado para tomar café en una cafetería del puerto, llega como un torbellino (vamos, como lo que es).
-¡Joder nena!, a las siete y media estaba en el mercado y me ha tocado llevarme a los críos porque hasta las ocho no los puedo dejar en el cole, luego los dejo y me voy al curro, se me olvida la compra en el coche y casi la lío porque…..
He dejado de escuchar, aunque veo que sus labios siguen moviéndose, pero es que para cuando llegó a las diez yo ya estaba agotada. De verdad que no sé cómo alguien puede hacer tantas cosas en veinticuatro horas.
Mi amiga tiene veintitantos, dos hijos y toda ella es como una bola de energía, no se agota nunca, o por lo menos eso nos parece a los demás.
Otra cosa que la caracteriza es que no cree en el amor.
 -Lo que pasa es que os enchocháis y os creéis que estáis enamoradas pero luego na de na.
-Oye guapa que yo llevo casi veinte años con Ace.
-Sí porque eres de enchochamiento largo y de ideas fijas.
-Claro lo que tú digas, mira mi amigo Sergio, oye está disponible ¿quieres que te lo presente?- Sergio es un chico guapo y simpático, fácil en el trato y muy seductor, él sonríe como el que guiña un ojo, sonrisa y al bote, lo tiene hecho.
-¿Para qué? es el típico guaperas, seguro que…
-Calla que se acerca.
-Hola preciosa, perdón, preciosas- dice Sergio dándome dos besos.
-¡Ja!- espeta mi amiga. Él entorna los ojos en forma de interrogación y yo carraspeo.
-Sergio, ella es Mery, una amiga del trabajo.
-Hola Mery- le dice mi amigo plantándole un beso en la mejilla que hace que mi amiga se ponga roja, él sonríe pensado que el color de sus mejillas es por timidez, yo sé que se parece más a la rabia y que como vuelva a tocar sin permiso se va a llevar una hostia.
-¡Buf! hola- gruñe mi amiga, Sergio pone cara de asombro.
-No se lo tengas en cuenta, es que hoy tiene el carácter de regular tirando a mal.
-Una chica tan bonita, no te creo- dice el, yo empiezo a temer la respuesta a esa frase.
-¡Que asco, uno de esos!- contesta Mery.
-¿Perdón?- dice mi amigo.
-Tranquilo, no es personal- intento mediar yo.
-¿No? que alivio si lo llega a ser no sé yo- me contesta Sergio.
-¡No sé yo, no sé yo!- repite mi amiga con rintintín.
-¡Mery!- la reprendo.
-¿He dicho o hecho algo mal?- pregunta mi amigo a nadie en concreto.
-¡Oh! No, no. Salvo quizá tener… ya sabes pene- le contesto yo.
-Pues eso no pienso quitármelo, ni por ti ni por nadie guapa- le dice Sergio directamente a mi amiga.
-¡Vaya! A don Juan le gusta su pene, que novedad. Pues para que os enteréis los dos, no es ese apéndice lo que me molesta, es el resto.
-Creo que será mejor que os deje solas- dice Sergio levantándose de la silla- Bela dale saludos a Ace, Mery ha sido ummmhhh, interesante conocerte- mi amiga hace una mueca despectiva y él se aleja.
-¿Ya no soy preciosa don Juan?- le grita mi amiga a su espalda, él ni se vuelve ni contesta, se dirige directamente a una rubia que hay tomando café sola en la barra.
-¿Ves? tu amigo es un cazador y ya ha localizado otra presa.
-Sí claro, el problema son ellos- le contesto yo con ironía.
-Mira por ahí viene el Canalla, el Canalla es un amigo de Mery, un tipo divertido y chulesco.
-Hola chicas- dice sentándose en la silla que ha dejado libre Sergio- ¿Qué pasa?
-Aquí, espantando hombres con tu amiga- le digo yo.
-¿Quién ha sido el pobre incauto?
-En la barra, tercero por la derecha- le contesto yo, Mery mira su taza con satisfacción.
-¿Y éste qué ha hecho? no me lo digas, ser hombre.
-Premio- dice mi amiga.
-Anda bonita, que estás apañá con un poquito de arreglá.