TODOS LOS LIBROS DE SELECCIÓN RINCÓN ROMÁNTICO A TAN SOLO UN EURO

UN EURO

lunes, 12 de septiembre de 2011

La fiesta


LA FIESTA (primera parte)

Es  sábado y por lo tanto mi día libre de estudio por cortesía de mi padre, toda buena trabajadora tiene que tener sus descansos para recuperar energía y esta noche la energía viene acompañada de una fiesta con mi amiga Clara, hemos quedado a las cinco en mi casa para arreglarnos y decidir que ponernos.
El timbre de casa está sonando, abre mi madre, se oyen las escaleras, Clara en la puerta de mi dormitorio.

-Ali!-Me saluda mientras me da dos besos.-Verás que bien nos lo vamos a pasar, también necesitas salir y pasártelo bien una noche, no todo es estudiar.
-Claro Alicia, no todo es divertirse.-Le contesto.
-Va no empieces, hoy te olvidarás de todo.-Me reprocha enfadada.
-Si me olvido de todo y con ello a los veinte dioses mitológicos que me he estudiado para el examen del lunes moriré.-Le aseguro.
-Hay examen el lunes? Mierda Ali, por que no lo has dicho antes?
-Pero si estás a mi lado en latín!.-Le digo exasperada.

Pone fin a la discusión mientras se mete en mi baño para ducharse, yo mientras elijo que ponerme lo cual desespera a mi madre por que acabo con la habitación llena de ropa inservible para mi gusto y zapatos que o me van pequeños o grandes.
Sale de la ducha diciéndome que el champú no huele como el de la última vez, a lo que le contesto:

-Con cual de todos te has lavado el pelo?-Le pregunto.
-Con uno en el que aparece un monísimo york sire.
-Pero Clara, que te has lavado con el champú de mi perra!
-Y tu que haces mezclando los champús? Todo el mundo se puede equivocar.-No tiene remedio.
-Si Clara, yo por supuesto antes de echármelo prefiero el logotipo del perro antes que el de la preciosa melena morena que sale en el champú de personas.
-Y ahora que?.-Me pregunta nerviosa.
-Pues ahora me toca ducharme a mi, mira a ver que te vas a poner y esperemos que no se te caiga el pelo antes de que se te insinue el primer tío.
-No seas así, mira los efectos secundarios.-Me dice.
-Clara, crees de verdad que los que fabrican ese champú tienen pensado los efectos secundarios para personas?

Con eso finalizo la conversación poniendo rumbo al baño, a parte de que las pocas ganas de salir de fiesta me acompañan y que mi amiga alocada me va a obligar, me meto en la ducha e intento que la mascarilla del pelo dure más de un minuto en mi pelo, cosa que nunca consigo por que me muero del aburrimiento, pero ya que es un día por lo menos intentaré vencerle con tal de que mi pelo pueda ser domado por el peine.

En este momento desearía con todo el corazón del mundo que a Clara le entrase incontinencia intestinal para poder quedarnos en casa comiéndonos un cuenco de palomitas con chocolate mientras vemos titánic, pero cuando se lo propongo a Clara ella me contesta:

-¿Para que? Si por mucho que la veas Di Caprio morirá ahogado muy a nuestro pesar.

Con lo cual salimos de casa y nos vamos a una discoteca que ella conoce.

SIMPLEMENTE ALICIA

domingo, 4 de septiembre de 2011

¡Maldito gim!

¡Maldito Gym!

-¡Venga que llegamos tarde!- me dice Rita.
-Pero seguro que la clase la da Christian –contesto.
-Que sí que me lo dijo ayer.
-Claro mientras te corregía la posturita de marras –me burlo yo.
Christian es nuestro monitor de aerobox, pero hoy va a dar la clase de spinning y nos ha convencido (en realidad ha convencido a mi amiga y por tanto a mí) para que asistamos. Todo hay que decirlo Christian tiene un físico impresionante y parece que le hace ojitos a mi amiga.
-¿Ves? Ya han empezado -me informa mi amiga.
-Genial pues nos vamos -digo yo dándome la vuelta.
-Ni hablar que hay bicis libres –objeta mi amiga enganchándome del brazo y obligándome a entrar.
Una vez dentro Rita se sube sin problemas a su bici, yo en mi metro y medio miro con odio ese sillín que me llega hasta el pecho.
Comienzo a manipular la arandela situada detrás del sillín y que debería hacer que el mismo bajase, pero no, prefiere reírse de mí y seguir en su sitio.
-¡Vamos arriba chicos! Empezamos a subir la pendiente –oigo gritar al monitor, ¡joder! Con la arandela de las narices.
-Bela ¿qué haces? –me pregunta Rita.
-Spinning con los dedos, no te jode, intento bajar el sillín pero no… -¡plof!, justo en ese momento decide bajar de golpe.
-¡Serás…! –digo dirigiéndome al sillín –por fin subo, ahora está tan bajo que las rodillas me llegan casi al pecho.
-Ahora vamos a poner la ruedecita en el cuatro –canturrea Christian –y arriba otra vez.
Menos mal, pienso, porque se me estaba quedando el sillín tatuado en el trasero.
Me levanto con ímpetu, llena de energía, como me gusta este deporte, te pone las… ¡plof! ¡plas!
-¡Ahhhhh! Que piña Dios, ¿cómo puede uno caerse una de una bici estática?, fácil, descubrí demasiado tarde que los cacharritos (ya se que tienen nombre pero ni idea de cual) servían para meter los pies dentro, la verdad es que ni me había dado cuenta de que estaban ahí, bastante tenía yo con intentar colocar el sillín.
-Bela ¿estás bien? –me pregunta Rita con gesto preocupado.
-Si, creo, no, que dolor, que vergüenza.
-¿Estás bien? –agachado a mi lado Christian me ofrece su mano. Pues al final lo de caerse no ha estado del todo mal. Me ayuda a levantarme mientras yo NO escucho atentamente lo que me dice.
Azules, pienso, definitivamente sus ojos son azules y no grises, Rita tenía razón.
-¡Bela! –me despierta mi amiga.
-Sí, estoy como nueva.
-Esto… sería buena idea que subieses un poco el sillín –me dice el monitor acercándose a él.
-Ya si lo he intentado pero está roto porque… -de un toquecito lo ha regulado.
-Yo creo que así te va bien.
-Capullo.
-Perdona.
-El sillín, ehh me subo y te dejo continuar la clase.
-Bien ánimo.
Miro a mi amiga que es capaz de reírse y pedalear al mismo tiempo.
-Todos de pie, tenemos otra cima a la vista –anima Christian.
No seré yo, primero tengo que recuperarme de la caída.
El sillín de las narices me está dejando el culo plano, casi ni me lo siento y ahora van todos y se sientan pues yo o me levanto o reviento.
-Bela baja que ahora toca sentados mujer –me dice mi amiga.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Porque mi trasero le ha cogido manía al sillín.
Me sudan hasta las pestañas cuando por fin Christian dice:
-Muy bien y ahora a para despacio, poco a poco…
He dejado de escuchar en parar, lo hago de golpe y vuelvo a dar con mi trasero en suelo, esta vez en la postura más difícil de toda la historia de las posturas.
-Estoy bien –digo levantándome rapidamente.
Al salir Christian se acerca a nosotras.
-¿Qué tal? ¿os ha gustado la clase?
-Un montón, me encanta –le dice mi amiga bien derecha y con una radiante sonrisa.
-Yoooo, ehhhhh, bien, bien –mi voz se parece a la del perro de los dibujos “Risitas”.
Con las manos en las caderas, doblada por la mitad y dejando un charco de sudor a mi paso, salgo, eso sí, con la cabeza muy alta.