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viernes, 25 de mayo de 2012

Cita a ciegas




Se había puesto su vestido azul a juego con el color de los ojos. Seda ceñida a su estrecha cintura y que caía como una caricia sobre sus caderas, unos finos tirantes lo sujetaban a sus redondeados hombros mientras que el pronunciado escote en uve dejaba divisar el pequeño tatuaje en forma de flor que decoraba el principio de su pecho izquierdo.  Se colocó unas sandalias azules con adornos de Swrosky y revisó el bolsito rosa en el que además de la cartera, había metido unos pañuelos y su barra de labios.
Se miró al espejo y le gustó lo que vio, no era una mujer espectacular pero sí mona, tenía la nariz respingona y los labios carnosos con pómulos pronunciados y rosados por naturaleza, la piel blanca y el cabello, que había recogido en moño informal, de color castaño claro, a los ojos rasgados les había puesto sombra azul, perfilador negro y rímel, en los labios solo brillo.
Unos golpes secos y fuertes sonaron en la puerta, justo cuando cogía una rebeca fina y corta  del mismo color que el bolso.
Una persona fuerte y decidida tal y como le había parecido por teléfono. O por lo menos así lo creía por su forma de aporrear la madera.
No estaba preparada para ver el ejemplar de hombre que se encontró al abrir. La boca se le quedó abierta, no podía apartar los ojos de la mirada penetrante que la estaba examinando  de arriba abajo y entreteniéndose más de la cuenta en su flor, parecía miel líquida que la acariciara a distancia, los labios entreabiertos  mostraban una leve sonrisa ladeada. Por fin pudo apartar la vista de su cara pero solo para admirar la forma en la que el traje se ceñía a sus músculos, ¡joder que bíceps!, ella nunca había acariciado unos brazos de ese tamaño, no llevaba corbata y los dos primeros botones de la camisa abiertos, dejaban entrever un entramado de vello rizado que se imaginaba  enredado en sus dedos. El color de su atractiva piel…
En ese momento se dio cuenta de que él le tendía un ramo de flores.
-Te he traído esto, si es que eres Lore- ¡madre mía! pensó, que voz, profunda, parecía salida de ultratumba. Se quedó paralizada, ni siquiera podía abrir la boca.
-¿No las quieres o no eres Lore? -dijo él riéndose más abiertamente.
-Eh… yo… sí y sí- Lore alargó la mano para coger las flores procurando no rozar esa sedosa y oscura mano que se las tendía.
-Ponlas en agua, te espero.
-Eh… sí claro,  ¿quieres pasar un momento? -dijo en un hilo de voz, mientras levantaba la mirada hacia sus ojos, esos ojos como la miel que la acariciaban.
-Gracias- él se adentró en la habitación y paseó su mirada por la estancia, ella se dirigió al baño y llenó un recipiente con agua colocando dentro el ramo de margaritas, su flor favorita, que casualidad, o tal vez Lisa se había chivado, más probablemente lo segundo.
Cuando salió lo encontró apoyado en la pared con las manos en los bolsillos y cabizbajo, parecía pensativo.
-Gracias -dijo ella acercándose.
-¿Umh?
-Por las flores, no te había dado las gracias.
-De nada.
-¿Nos vamos? -le preguntó. John levantó la vista del suelo y la clavó en los ojos de Lore, ella se estremeció porque parecía que la miel se había cristalizado por el frío.
-Lisa no te ha informado ¿verdad? -ella se quedó pasmada ¿de qué hablaba, estaría casado?, no, Lisa se lo habría dicho.
-¿De qué tenía que informarme? -preguntó asombrada mientras cogía de nuevo su bolso y la rebeca.
-Es evidente ¿no? –comentó él, con tono de enfado.
-Pues lo siento, a lo mejor soy un poco corta pero no sé de qué me hablas -Mierda un loco, pensó de repente, ese guapísimo hombre la miraba con resentimiento y ella no entendía por qué, así es que ya no le parecía tan atractivo, y sin el efecto sedación que producían en ella sus ojos, era más dueña de sus actos y de su voz.
-De que soy negro -dijo John alzando la voz.
-¿Eres negro? no jodas, pensé que tomabas mucho el sol -le contestó apoyando las manos en la cadera y con un tono exageradamente sarcástico en la voz. La cara de él era un poema, abrió la boca pero la volvió a cerrar y entornando los ojos se acercó a ella sin sacar aún las manos de los bolsillos.
-Vaya, que graciosa eres -le dijo- me he dado cuenta de la cara que has puesto cuando me has visto y lo que te ha costado reaccionar, si quieres acabar con esta cita ahora solo tienes que decirlo, no te sientas obligada.
Ella soltó una carcajada, se reía de verdad, con ganas, lo que descolocó a John por completo, esa mujer estaba loca pensó, era preciosa pero estaba loca, casi se desmaya cuando lo ve, era evidente que Lisa no le había dicho que tenían razas diferentes cuando preparó la cita, él lo sabía porque la había buscado en Google, era escritora como su amiga y había ganado un premio, inteligente, preciosa, con un cuerpo de fábula, y con sentido del humor, un sentido del humor que a él no le hacía ni puta gracia.
-¿Me vas a decir de qué demonios te ríes? -gruñó cogiéndola por el brazo.
A ella se le cortó la risa instantáneamente.
-Suéltame inmediatamente -le gritó dando un tirón para liberarse.
-Ok, lo siento -se disculpó John levantando las manos en son de paz -dime por qué te ríes.
-Vamos no seas modesto, tienes que estar más que acostumbrado a que las mujeres te miren como yo lo he hecho -nunca en su vida había sido tan descarada, si su ex marido la oyera no se lo creería, la tímida y apocada Lore diciéndole eso a un impresionante hombre de metro noventa.
-¿Qué?
-Estás como un queso y me has… impresionado. No debería decirte esto porque soy una buena y modosa chica pero… en fin no parece que estemos hechos el uno para el otro. Después de todo creo que sí será mejor que dejemos esta cita. Te acompaño a la puerta –sentenció dejando el bolso y la rebeca en el sofá y dirigiéndose a la salida.
-Perdona pero necesito sentarme un momento -Lore vio cómo se dejaba caer en el sofá tapándose la cara con las manos -entonces ¿me estabas mirando así porque te gusto?
-Me gustabas.
-¿En pasado? ¿Ya no?
-No, ahora creo que eres idiota -él la miró intrigado.
-Oh, por mí no te inhibas di lo que pienses -dijo John enfadado.
-Pues mira por lo general sí me corto, pero hay algo en ti y que quede claro que no es tu color de piel, que me pone de los nervios.
-¿Me perdonas? Yo… hace mucho que no tengo una cita y antes yo… bueno no solía salir con mujeres blancas.
-No quisiera cambiar tus costumbres, así es que… -ella le indicó el camino de salida.
-Te he pedido perdón ¿no? - gruñó él.
-Te perdono y ahora largo -Lore abrió la puerta y se quedó esperando a que él saliera cogida a ella. John se giró hacia la chica justo en la salida.
-De veras lo siento, por cierto me pareces una preciosidad -y se fue, desapareció por el pasillo en dirección al ascensor.
Lore se apoyó en la puerta y recordó el momento exacto en que Lisa les preparó la cita.
Estaban comiendo en un restaurante italiano en frente del Sheldon Lake. Lore había ido a presentar su última novela, que después de ser un éxito de ventas en Europa se lanzaba por fin en EEUU, la presentación era en Houston porque gran parte de la novela transcurría allí.
-¿Cómo llevas tu nuevo estado civil? - preguntó Lisa.
-Oh, bien supongo. Las chicas me organizaron una luna de hiel, fue… interesante -le contó Lore.
-Ja, si vieras la cara que puso cuando vio salir al boys -se rió Lidia.
-¿Por? -preguntó Lisa.
-Oh, es que tú no sabes que nuestra amiga siempre ha tenido debilidad por el color de piel oscura.
-¿Ah si?
-Todas tenemos derecho a nuestras fantasías -se defendió Lore. Ahora unos días después pensaba que ese habría sido un buen momento para decírselo, pero claro ella tenía que darle la sorpresa.
Cuando sonó el teléfono de Lisa, una pícara sonrisa se dibujó en su rostro.
-Que oportuno, perdonad pero tengo que cogerlo es mi abogado. Dime guapo. Ahá. Ahá. Oye lo que tú digas ya sabes que yo de eso no me entero. Hablemos de algo más interesante. Que sí, que lo que tú digas. Escucha una amiga mía está de paso por la ciudad, ¿por qué no se la enseñas? - a Lore se le atragantó el bocado.
-Lisa que vergüenza por favor -protestó Lore mientras Lidia jaleaba la idea de Lisa.
-Cariño ya sé que eres muy capaz de buscarte tus propias citas pero no me negaras que últimamente estás un poco… ¿cómo decirlo? Será porque quieres pero lo estás. Hazme ese favor no te arrepentirás te lo aseguro.
Que no se arrepentiría le había dicho Lisa, por Dios, había sido la peor cita de su vida, ni siquiera eso porque no había llegado a haber cita.  Vale que él se había equivocado, pero tampoco era para ponerse así, se había disculpado ¿no?
Tenía treinta y dos años y se acababa de divorciar de su esposa con la que se casó antes de haber terminado la universidad y era su novia desde que iban al instituto, además siempre le había sido fiel. No solo no había salido nunca con una mujer blanca si no que nunca le había atraído una, pero cuando la vio en las fotos de la fiesta de presentación de su libro en España, tan aparentemente frágil, pequeña, tímida incluso y ese tatuaje… en cuanto lo vio de cerca le dieron unas ganas casi irrefrenables de llevárselo a la boca. Solo de pensarlo se ponía tenso, especialmente una parte muy concreta de su anatomía. Notó como vibraba su móvil en el bolsillo interior de la chaqueta.
-Harris.
-Hola Harris.
-¿Con quién hablo? -esa preciosa voz le sonaba pero no sabía de qué, quizá su noche mejorara.
-Soy la mujer blanca que te ha echado de su habitación hace un momento -A John se le aceleró el corazón, bien la chica había cambiado de opinión, la cosa se ponía interesante.
-¿Y qué quieres? -decidió hacerse un poco el duro.
-Lisa me dio unos documentos para ti, se me habían olvidado, creo que es algo que tienes que presentar por la mañana.
-Eh… sí, es… bueno da igual, subo a recogerlos si no te importa- John no pudo evitar sentirse desilusionado.
Lore notó un pinzamiento en el estómago al escuchar su voz, no era un tío muy simpático pero ¿qué tal una noche de sexo libre y sin compromisos?
Al abrir la puerta la miró embelesado. Había cambiado el delicado vestido por una camiseta gigante y unos calcetines, se había soltado el pelo y no llevaba ni una gota de maquillaje y el sintió que se moría de ganas de desnudarla para poder ver el tatuaje que lo traía de cabeza, quería acariciarla, enterrarse en su ombligo… sacudió la cabeza para volver a la realidad.
Ella le tendía los documentos.
-Gracias -dijo él cogiéndolos. Al hacerlo rozó con ligereza y con total intencionalidad los dedos de ella con los suyos y la miró, a los ojos, directamente, ella los vio cristalinos, nublados por el deseo.
Los papeles terminaron en el suelo, Lore se puso de puntillas y le echó los brazos al cuello pegando por completo su cuerpo al de él.
-¿Y esto? -preguntó él sin atreverse a reaccionar.
-¿Tu qué crees? Pero mira que eres bruto -contestó Lore apartándose enfadada. Recogió los documentos se los estampó contra el pecho y le cerró la puerta en las narices.
-¡Estás loca! -gritó John a través de la puerta. Ella no pensó que nadie pudiera enfurecerla tanto, la había rechazado, la primera vez en su vida que se atrevía a ser moderna y liberal y la habían rechazado, que vergüenza, que humillación y encima la llamaba loca pues se iba a enterar. Abrió la puerta dispuesta a ir detrás de él y cantarle las cuarenta pero John no se había movido del sitio y casi se dio de bruces contra él.
Esta vez se vio agarrada, presa de unos fuertes brazos que la aprisionaban, los papeles volaron de nuevo hacia el suelo, una mano de John la agarró por la nuca mientras la otra la cogió por el trasero alzándola sin esfuerzo alguno, Lore lo rodeó con las piernas y se besaron apasionadamente de camino a la cama.
Un rato después yacía adormilada cuando sintió algo húmedo en su flor, en su pecho y de paso en otras partes de su cuerpo, la boca de él vagaba por ella. No seguía una ruta pero se recreaba en su ombligo.
-¿Sabes? -le dijo- creo que hemos empezado por el final.
-¿Qué? -preguntó ella.
-Las parejas normalmente, se hablan, se conocen, se casan, hacen el amor y por último se pelean.
-Ja, estás un poco anticuado.
-Nosotros primero nos peleamos, luego hicimos el amor, adivina qué nos toca ahora…
-Estás loco.
-Entonces hacemos buena pareja.  

8 comentarios:

Lydia Leyte dijo...

Muy divertido, sorprendente y bonito.

Bela Marbel dijo...

Gracias por leerlo Lydia.

Julio Benavente Caballero dijo...

Me impresiona cómo me llegan tus palabras. Lo que me haces sentir.
Tienes un dominio de los diálogos que me obliga a estudiarte.
Sólo (y no pienso quitar el acento, diga lo que diga la RAE) aprendo de ti, cada vez que te leo.
Gracias.
Un beso.

Bela Marbel dijo...

Jajaja Julio, yo estoy acostumbrándome ya, a no usarlo. Muchas gracias por tus palabras,me llenan de orgullo. Y sí, los diálogos son mi cara, y también mi cruz, en muchas ocasiones sacrifico la narrativa, en favor de ellos. Pero lo he asumido como estilo literario.

Julio Benavente Caballero dijo...

Me gusta tu estilo.
Gracias.

AsiaLove Fansub dijo...

Me gusto tu historia, es muy facil de leer y te atrapa enseguida, gracias por compartir...

Bela Marbel dijo...

A ti por leerla.

Elenusqui dijo...

Wooow, genial. Iré leyendo el resto de tu blog poco a poco.
:)